Hace ya muchos meses que estamos metidos en medio de una durísima crisis que en mi opinión (humilde) nos ha afectado especialmente en España por el ladrillo. Durante muchos años los gobiernos locales y autonómicos (de ambos bandos) favorecieron desarrollos urbanísticos desmedidos que trajeron:

  • la creación de múltiples empresas constructoras o promotoras, e inmobiliarias, la mayor parte de ellas dirigidas por gerentes que no sabían lo que estaban haciendo
  • la necesidad de materiales de construcción y personal para ejecutar las obras
  • los polígonos industriales crecen y los servicios de éstos también (restaurantes principalmente)
  • la ansiedad de los bancos por conceder hipotecas
  • la ansiedad de los ciudadanos por acceder a una vivienda mejor

Los resultados de la crisis ya la hemos visto todos, promociones cerradas: ya no hacen falta ni materiales -con lo que muchas empresas pequeñas que vivian en la abundancia en los polígonos industriales han tenido que cerrar, y los restaurantes también-, el personal se ha marchado a la cola del paro o a hacer ñapas bajo cuerda para sobrevivir; constructoras, promotoras e inmobiliarias han cerrando dejando, en muchos casos, a muchos clientes con el culo al aire; los bancos ya no dan préstamos ni hipotecas; los propietarios tienen que malvender si es que consiguen encontrar un comprador al que le concedan la hipoteca. Un desastre vamos.

Perdón por todo el rollo anterior, es que si no explotaba.

Vivo en un pueblo del suroeste de la provincia de Madrid, que como (casi) todos ha sufrido el proceso de expansión urbanística sin medida. El resultado de la crisis fue un montón de promociones y construcciones que o bien no empezaron, o se quedaron a medias.

¿Dónde veo los brotes verdes? Hay cuatro promociones paradas que han retomado la actividad (una de ellas estuvo parada casi 15 meses). El resultado es que ahora hay actividad, hay obreros trabajando, hay personal que llena los restaurantes de menús o los supermercados.

En definitiva, tengo la sensación de que poco a poco, las cosas se van arreglando. Además, no me creo nada de lo que dicen los analistas. Ni supieron ver venir la crisis, ni tienen ni la más remota idea de cuándo pasará el temporal... y encima ganan un dineral por ello.