Hoy me han asaltado en el Metro de Madrid. No ha sido una agresión física, pero me he sentido agredido por un intento de invasión en mi intimidad. No, no me han tocado el culo ni nada por el estilo. Alguien ha tratado de invadir mi teléfono móvil, un Sony Ericsson K700i a través de mi puerto bluetooth.

Ha sido una agresión con nocturnidad, los túneles del Metro son bastante oscuros, y alevosía, el felón lo ha intentado en tres ocasiones. Uno va tan tranquilo en el metro (para más detalles Línea 10 entre las estaciones de Santiago Bernabeu y Príncipe Pío) y su teléfono hace pip-pip cuando se supone que no hay cobertura. Uno mira la pantalla y ve “Elemento entrante 4376df.sis. Tamaño del archivo 12323KB. Memoria libre: xxxKb ¿Aceptar?” Lo primero uno se queda mosqueado y por supuesto aprieta el botón de cancelar y mete el teléfono en el bolsillo.

Pero el pip-pip vuelve a sonar acompañando el mismo mensaje. Uno empieza a mosquearse y a mirar por encima del hombro, quien a menos de 10 metros está manipulando otro teléfono móvil y está sonriendo. Cancelar y al bolsillo.

Y ocurre una tercera vez, pip-pip, y mismo mensaje. Ya es de cabreo. Pero nadie sonrie ni nadie manipula un teléfono. Cancelar, y antes de meterlo de nuevo al bolsillo, quito la opción de visibilidad del móvil.

Espero un minuto, y pip-pip. Saco mi teléfono y no es el mío… es mi vecino de vagón que va a experimentar las mismas sensaciones que tuve yo…

Aviso a navegantes, si suena un pip-pip en el metro cuando no debiera hacerlo, ya sabes ten cuidado y no pulses aceptar… es mejor meter la mano tres veces en el bolsillo que tener que tirar el teléfono a la basura.